martes, 31 de diciembre de 2013

La maleta de la nostalgia


El año 2013 camina por la playa del recuerdo como perdonando el tiempo, el último día se acerca y se va llevando su equipaje. Que rápido se pasó el tiempo, sin darnos cuenta se va desglosando el último día del calendario, poco a poco se va extinguiendo este cúmulo de recuerdos, de vivencias y tantas cosas apreciables, tantas cosas que nos han dejado huella y que nos van marcando un nuevo destino. Tantos momentos que se hicieron gratos, inolvidables y tantos instantes de recuerdos ingratos que nos enseñaron algo, que nos dejaron aprender a través del dolor.
El año 2013 camina cada vez más lento, sus pasos se van perdiendo en la arena y se va haciendo pesado su andar, carga una maleta de vivencias, tiene demasiadas cosas perdidas, algunas otras son lecciones bien aprendidas y la mayoría son memorias de buenos momentos. Lleva en la mano una valija con los deseos extraviados y otra con los sueños cumplidos, algunas hojas sobresalen, tienen escritos mucho deseos y algunos destinos, unos están tachados como meta cumplida, otras aún han quedado como materias pendientes.
La maleta de la nostalgia es la que tiene más cosas y enseres, en ella hay muchas fotos, de gente amiga, de seres queridos, de seres encontrados y de seres olvidados. Muchos recuerdos que se han perennizado en una imagen, muchas anécdotas que han quedado eternizados en la memoria, algunas muy tiernas, otras que provocan alegría y no muchas que producen una tristeza que logran hacer escapar una lágrima traviesa. Hay de esas fotos que perennizaron un acontecimiento trascendental, algo que marcó nuestras vidas, algo que se llevó el tiempo, junto a nuestros años, a nuestro diario caminar, pero que permanecen allí guardadas y nos conmueven el alma cada vez que las volvemos a mirar.
 
El año 2013 va perdiendo su mirada en el horizonte, va enterrando los pies en la arena y dejando caer la mirada, las olas nuevas mojan sus ropas viejas, la brisa empaña su rostro disimulando su melancolía, el viento se lleva algunos papeles perdidos de su maleta de la nostalgia que ha empezado a cargar, pronto deberá partir para siempre, pronto será un olvido, pronto será solo recuerdo, cuando las 12 campanadas hayan empezado a sonar…
 

sábado, 11 de mayo de 2013

Por mi Madrecita

Hoy como cada noche, he reposado mis rodillas y unido mis manos, para hablar con Dios. Y en mi rezo diario, le he vuelto a pedir por ti. He vuelto a rogar porque ese tiempo mezquino que me regala migajas de espacios, se haga sensible para brindarme la oportunidad de poder verte más seguido, como antes, como siempre. Para que mis días se hagan complementarios con ese compromiso que hoy acompañan a mis propias responsabilidades y hacen que la distancia se haga más sentida y agobie mi melancolía.

Hoy he rezado por ti, recordando aquellos tiempos idos, cuando aún pequeñuelo, posabas tu mano sobre mi cabeza y un beso en mi frente era un regalo divino. Por esa tranquilidad que me brindaba tu regazo. Por esa obsesiva forma de ser siempre buena y condescendiente, a pesar de mis tantas travesuras y errores que supiste sobrellevar con entereza. Por tantos yerros de perturbado adolescente, por tantas cosas que no supe valorar a tiempo y que tardé tanto en darme cuenta de su real valía. Por esa fortaleza que logro enmendar mi rumbo, cuando era un potro desbocado y mis miedos y temores, lograban confianza en tus abrazos, tus caricias y tus sabios consejos.

Hoy he rezado por ti, porque te he imaginado más triste que otras veces. Quizás porque los años se han hecho crueles contigo y han castigado tu nostalgia. Porque a pesar del tiempo, no pudiste llenar ese vacío que dejó el viejo, tu aliado y cómplice que te ayudaba a mitigar esa soledad que te produjo la partida de tus hijos, cuando debieron aceptar el designio divino de fundar su propia familia. Aquel día de junio, en que el destino feroz vino disfrazado de muerte, te dejó el alma hecha jirones y aún no has logrado sanar bien la herida.

Hoy he rezado por ti, porque te he imaginado más afligida que otras veces. Con los malestares que te hieren el cuerpo, te dañan el espíritu y te resquebrajan el corazón. Tu fortaleza se ve cada vez más endeble y tu fuerza se hace débil. Tus ojitos de ángel, han ido perdiendo su brillo y su color. La profundidad de tu mirada se ha ido disipando en una silueta vagabunda y tus pasos se han hecho pausados y cansinos. Me duele ver que los años implacables, te han golpeado demasiado, la angustia por aceptarlo y la impotencia de no poder luchar contra la ley de la vida, me causan un dolor profundo en el pecho.

Hoy he rezado por ti, recordándote cada vez que voy a visitarte y regocijas tu nostalgia, acariciando mi cabeza, abrazando a tus nietos, como refugiando tus recuerdos de mis años y compartimos alguna lágrima traviesa. Por cada despedida, en que siento que puede ser la última y cuando levanto la vista para mirarte, distingo tu silueta que enmarca tu rostro de ángel, el viento jugueteando con tu cano cabello y tu sonrisa limpia, radiante y sincera. Tus ojos ya no distinguen en la distancia, pero yo puedo ver que aún permanece esa dulzura que irradia tu mirada vigilante que subyuga mis sentimientos. Esa mirada que logra que en la lejanía, pueda seguir mirándote, a veces peleado con el tiempo, otras con la ocupación de mi propia existencia y casi siempre, con la cansada rutina, que ya no me deja poder abrazarte tan seguido.

Hoy he rezado por ti, rogando que el Todopoderoso escuche mis plegarias. Que mitigue tu dolor y que aleje tu angustia. Que aunque la vida y el tiempo deben seguir su marcha, me brinde la oportunidad de seguir teniéndote cerca de ti y de mis hermanos. Que me regale la dicha, de cuando me sienta nostálgico y levante la mirada, siempre pueda verla allí, imperturbable, con su sonrisa llena de amor y ternura, esperando por mí, para brindarme su refugio como cuando niño, para hacerme sentir que a pesar del tiempo y la vida misma, sigue tan presente y viva, en el alma y en el corazón.

Hoy he rezado por ti, rogando que el Todopoderoso alargue el tiempo, para que cada vez que mire aquella ventana de la nostalgia, se abran las puertas y la vea aparecer con sus brazos abiertos, a recibir este amor inmenso que guardo dentro y que perdurará la vida entera. Porque un solo día no basta para enaltecerla y glorificarla; Mi Madre querida.

Hoy le he rezado a Dios y le he rogado, POR MI MADRECITA.





lunes, 31 de diciembre de 2012

Mi mejor y eterno deseo

Este año 2012 ya se va despidiendo con aires de nostalgia
Y como por arte de magia, empezamos a generar los buenos deseos
Se vienen a la memoria pasajes y vivencias que nos acompañaron
Momentos gratos que nos alegraron y de los otros que hirieron el alma
Algunos que nos dieron la calma y otros que nos causaron estragos
Pero fueron los aciagos, los momentos que hicieron fuerte el corazón
Aquellos que con justa razón, nos demuestran de que estamos hechos.

Poco a poco se va extinguiendo, lo que queda de un año más vivido
365 días compartidos, con gente que conocimos o aprendimos a conocer
gente que nos hizo entender, cuan importante resulta nuestro afecto
y donde el regalo perfecto, no tiene ningún tipo de valor material
gente que nos enseñó que los años nos brindan experiencia valiosa
Pero también hacen la vida hermosa, porque aquilatamos sabiduría
Gente que dijo volvería, con la que caminamos y la que no volvimos a ver
Pero es por esa gente que pudimos entender y cerciorándonos en el camino
Que algo tuvo que ver el destino, para que nos pudiéramos encontrar.

Hoy q vamos fijando la mirada en el horizonte de un nuevo año venidero
No quiero que sea recién Enero, para expresar mi mejor deseo de prosperidad
Porque siempre exista una oportunidad, para compartir felices momentos
Que tengamos el corazón contento y encendido el sentimiento sincero
Que el amor por la familia sea el primero e intentar ser auténticos por devoción
Que nos acompañe siempre la razón, para poder doblegar al pesimismo
Que empecemos el cambio por uno mismo y seamos súbditos de la gratitud
Recordar que nuestra mejor virtud, está dentro de nosotros mismos.

Es mi eterno deseo, porque siempre nos acompañe el bienestar
Que nuestro afecto siga sin cesar y existan momentos de alegría y emoción
Vivir intensamente con el corazón, cada momento de nuestras vidas
Porque el tiempo tirano juega con el corazón y se lleva nuestros años aprisa
En cada cumple vamos escondiendo la risa y tiene un espacio la preocupación.

Que Dios derrame su bendición y nos brinde por siempre la fortaleza
Para superar las dificultades con entereza, teniendo cerca a los que nos quieren
Aquellos que a su lado nos tienen y por los cuales luchamos cada día.

Hagamos un brindis por este año que se va y nos deja vivencias valiosas
Experiencias hermosas y la esperanza que el próximo será mejor
Salud por todas las cosas vividas y las que nos falta por vivir.

Un venturoso nuevo año.



viernes, 27 de julio de 2012

Décima en Rojo y Blanco

Desde la costa hasta la sierra
de la selva su último rincón
los peruanos con emoción
saludan el amor por su tierra
enarbolando su bandera
En esta fiesta nacional
un sentimiento emocional
que desborda las fronteras
los pueblos y regiones enteras
unidos en un solo corazón

Suenan los acordes
de nuestra música peruana
la que en el mundo tiene fama
Y es orgullo de nuestra nación
Se suelta una sabrosa marinera
Una zamacueca y el ritmo del cajón
Una frase se hace un poema
Y una décima se hace canción

Hoy cada peruano orgulloso
En este nuevo aniversario patrio
saluda feliz en su calendario
el vivir en este país hermoso
donde se cocina y se come sabroso
y se brinda con pisco original
el ceviche, su plato de bandera
que disfruta la gente entera
con su Inca Kola, de sabor nacional

Hagamos un brindis por todos los peruanos
Por Machu Picchu y toda su grandeza
Por nuestra tierra, su gente y su nobleza
Por la unión de todos como hermanos
Codo a codo, mano a mano
Hagamos una devoción de nuestro trabajo
vistamos el alma con el traje de la confianza
Pintemos nuestras caras de color esperanza
Y gritemos juntos VIVA EL PERU CARAJO!

domingo, 17 de junio de 2012

Yo soy, PADRE

Entendí que era una bendición del cielo y la forma por la cual logré la realización máxima como ser humano y que debía asumirlo con responsabilidad. Mi fui dando cuenta que era una tarea de aprendizaje diario en la vida, que cuesta sacrificio y esfuerzo, a sabiendas que es una carrera en la cual, nunca terminaré de graduarme. Entendí que es una caótica forma de ser feliz, amando a los que nos pertenece en sangre, pero que demasiado rápido reclaman su libertad y se hacen amigos de la distancia.

Con los años, fui forjando el concepto, que los hijos son nuestra prolongación en la vida. Es un ser que nos lo presta Dios para hacer en la tierra un curso intensivo de cómo amar alguien más que a nosotros mismos y como cambiar nuestros peores defectos para darles los mejores ejemplos. Una forma de darle un valor agregado a nuestro orgullo y aprender cada día a tener valentía.

Y he ido ejercitando los sentimientos, desde que mis hijos eran dependientes de mi fortaleza y mi tolerancia empezaba a moldearse con la paciencia. Desde aquellos días cuando tomaba sus manitos para ayudarlos en sus primeros pasos. Cuando sus primeras palabras eran cánticos a mi jactancia y sus primeros dibujitos tenían un lugar especial en la billetera. Las veces que rezamos juntos y aquel beso que les brindé mientras dormían, que los hizo sentirse amados y protegidos. Hasta cuando compartiendo sus juegos favoritos, aprendimos juntos que los pequeños momentos, hacen la vida especial.

Pero el tiempo se pasa vertiginosamente y un día me di cuenta que ellos crecieron demasiado rápido y hoy están más cerca de sentirlos lejanos de los ojos y aunque sigan unidos a mi corazón, me cuesta aceptar, lo difícil que se va haciendo abrirle la puerta a la ausencia. Quizás aún se haga difícil entender que la ley de la vida nos dice que Dios nos presta a los hijos, para que logremos ser buenos padres, pero que vivimos intentando ganarle un espacio al tiempo, para lograr ser un padre bueno.

Un día como hoy, mi padre se fue al cielo, pero en el recuerdo de su ausencia, siento que he ocupado su lugar en este legado de vida. Hoy me toca estar con mis fieras, mis hijos queridos. Ellos partirán más temprano que tarde a proseguir sus caminos, pero siempre serán mi mayor orgullo, mi sublime alegría y la razón especial para sentirme vivo. Son ellos la consagración especial para que hoy pueda decir convencido, Yo soy PADRE.

Quiero brindarles mi abrazo fraterno a los que comparten conmigo esta bendita responsabilidad. Elevo una plegaria al cielo para pedirle su bendición, por nosotros y nuestros viejitos, por los que son ejemplos vivientes y comparten su orgullo con sus nietos. También por los que partieron y tomaron la mano de Dios y hoy son el lucero que ilumina nuestras vidas.

jueves, 24 de mayo de 2012

Réquiem por la música

Quien no se tiró a la pista de baile más de una vez, para danzar frenéticamente al ritmo de un tema lleno de glamur y luces sicodélicas en aquellos gloriosos y espectaculares finales de los 70’s e inicios de los 80’s, época en la que nuestra alma de bailarín empedernido y amante de la buena música, disfrutaba al máximo de esos tiempos en que las luces multicolores y el poliéster inundaban las discotecas.

Quien no conoció algún amor furtivo y se enamoró compartiendo los acordes de “On the Radio” o alguna vez, cuando fulguraban las chicas de tacones ligeros, recreaban por su cabeza las imágenes del video del inolvidable “Bad Girls”. Aquel memorable “Last Dance” que disfrutamos con la película “Thank God It"s Friday” o acaso, el inolvidable “I feel love”, temas que uno se quedaba tarareando el compás, porque iba asociado a un motivo de vivencia, a una forma libertina de sentirse felices en una pista de baile y aun estilo de vida.

Remembranzas que hoy le hacen una mueca a la nostalgia, por los tiempos idos, que se han cruzado en la evocación, cuando la noticia, habla de que el cáncer escondido, cruel y verdugo despiadado, se ha llevado, en su último baile a la reina de la música disco: Donna Summer.


Y se ha ido también Robin, a encontrarse con su alma gemela Maurice, buscando la sonrisa de niño travieso de Andy. Su ha ido un hermano mas y han dejado solo a Barry, con ese sabor amargo en la boca, que deja la desgracia y con el dolor intenso que produce en el alma, la ausencia inesperada. Se ha ido un ícono más de la música y con él vuelven a aflorar los recuerdos, se vuelve a pintar la nostalgia de un color intenso, que hace brillar los ojos de melancolía. Y es que la música, de una u otra manera, siempre está ligada a nuestras vidas y más temprano que tarde, algún hecho trascendente nos involucra, nos hace mirar atrás y sentir que fuimos parte del mismo.

BEE GEES, un grupo de talentosos hermanos que en la época juvenil de nuestros años desbocados, fueron parte importante de nuestra azarosa vida. Con su música pude entender, cuan profundo es el amor y como se puede remendar un corazón roto, pero también en una Fiebre de Sábado por la Noche, me mostraron como se enciende la emoción al máximo, cuando el corazón explotaba de alegría en una pista de baile. Grandes momentos, grandes recuerdos que uno hoy, añora y recuerda con cariño.

Gracias BEE GEES, gracias Barry, Robin (+) y Maurice(+) y también Andy(+), por tanta música y por tantas cosas vividas que solo lo pueden entender los que estuvieron allí, sintiendo y viviendo esos tiempos, cuando los años coexistían y se sentían intensamente

Nos dejaron un legado musical inolvidable, que hoy quizás nos deja Sobreviviendo ante la Tragedia, que nos hace mirar y orar por este Demasiado cielo, donde cantarán con los ángeles los que han partido, pero que nosotros, los que vibramos con su legado musical, buscaremos sobreponer en cualquier noche de fiebre, intentando recordar que siempre Deberíamos estar bailando.


sábado, 18 de junio de 2011

Padre sin tiempo, hijo sin padre


Hector maneja apurado su moderno automóvil. En la radio suena “En la ciudad de la furia” de Soda Stereo y su sonido parece perderse entre el bullicio del tráfico limeño y las siluetas de gente que corre apurada y busca un atajo para aligerar las urgencias del reloj. Es una mañana gris y fría, típica de invierno. Lleva demasiados sentimientos encontrados que apuran el latir de su corazón, conforme acelera el auto que no avanza entre este río tumultuoso de carrocerías que parece no tener principio ni final. La voz de Gustavo Cerati lo mantiene ensimismado y la luz del semáforo, ha logrado detener su apresurado pensamiento, para fijar la mirada en una pareja de jovenzuelos enamorados que tomados de la mano, intentan cruzar la calzada. Un extraño ardor le recorre el cuerpo, cuando el joven pasa a su lado y se da cuenta que físicamente, se parece demasiado a su hijo Gabriel.

Hector es un hombre exitoso, ha sabido hacerse desde abajo. La empresa que maneja hoy, ha crecido tanto como su patrimonio. El dinero que ha podido generar le ha brindado una vida cómoda, placentera y ha hecho amigos por el mundo. Ser empresario desde muy joven le dio la experiencia para acrecentar su arraigo y es muy considerado en el mundo empresarial. Su fama ha llegado a ser portada de diarios y es voz autorizada en la TV. Su capacidad ha sido resaltada y hasta ha tenido coqueteos con la política. Gabriel es su único hijo hombre y quien desde muy pequeño lo hizo sentir como lo más importante que le pasó en la vida. Cuando nació, él estaba dando sus primeros pasos empresariales y era la razón principal que le faltaba a su matrimonio. Daniela, su esposa, era una mujer encantadora, de hermosos ojos verdes, carácter jovial y con mucho apego a su familia. Gabriel llenó de alguna manera, un vacio de afecto que no había tenido cuando niño. Su padre fue un militar que se separó de su madre cuando él recién frisaba los 10 años. Su infancia, nunca le trajo buenos recuerdos.

El moderno auto se estaciona frente a la clínica. Hector baja apresurado. En la puerta está Daniela, con el rostro desencajado. Su hermana, Fresia, la coge del hombro y la acompaña en sus pasos cansinos. Hector las saluda y sigue de frente. Ellas lo siguen por el pasadizo que lleva al ascensor. Intercambian miradas, pero ninguno atina a decir una palabra. En el piso cinco, se abre la puerta y se encuentran con Carlos, el médico que es amigo de la infancia y que hoy tiene en el rostro un signo de interrogación.

-¿Y como está Gabriel?- Pregunta Hector, con una mueca de impaciencia
-Ha tenido un derrame cerebral y se encuentra en coma. Llegó con un cuadro de intoxicación severo, me duele tanto como a ustedes, pero la verdad es que no tenemos muchas esperanzas, lo siento
-Pero como ha pasado, ¿No se va recuperar?
-Creo que se te olvida que Gabriel hace tiempo fue declarado drogadicto y esto no es más que la consecuencia fatal de su adicción
-Pero tiene que haber alguna forma de curarlo, dime cuánto cuesta yo estoy dispuesto a pagarlo-
-Creo que no es cuestión de dinero Hector
-Todo tiene un precio Carlos- Interrumpe con energía Hector, volteando la mirada y golpeando su puño en la pared
-Algo se puede hacer Carlos, no me digas que no- Intenta suplicar Daniela, mientras su hermana la abraza e intenta calmarla. El doctor, solo atina a mirarlas con tristeza, cierra y abre los ojos sin decir nada.

La sala de espera del piso donde se encuentra Gabriel, acoge a muchos familiares que se van consolando, unos lloran y se abrazan, otros solo atinan a quedarse quietos en un lamento individual. Las horas transcurren y Hector en un rincón, aprieta los dientes y conforme va mirando a los presentes, acoge recuerdos, que le vienen a la memoria como imágenes paganas de lo que ha sido su vida hasta hoy.

Miraba a Daniela y recordaba los primeros años de Gabriel. Aquellos días cuando los tres se tomaban de la mano y caminaban por ese parque que le traía siempre repasos agradables. Los continuos viajes de negocios que repercutieron en el bienestar del negocio, pero también fueron una razón de distanciamiento con su familia. Recordó que le fue infiel a Daniela y tuvo una hija con una joven empresaria, consecuencia que causó su separación. Miraba a su madre y recordaba que su hijo Gabriel, vivió su adolescencia, con muchas cosas materiales que él le brindaba, pero que era la abuela quien le otorgaba el cariño que el joven reclamaba. Los ojos de Fresia, su cuñada, se posaron en los suyos y asumió el reproche. Daniela, se hizo adicta a los tranquilizantes, luego que su matrimonio se fue al abismo. Fue ella la que se encargaba de llevar a Gabriel al colegio y quien de alguna manera trataba de suplir el papel de su hermana. Con resignación, miraba los rostros de todos los que habían tratado de hacer su rol de padre. Cuando su hijo necesitó de él, estaba ocupado, cerrando un negocio o volando a alguna playa caribeña, con una de sus conquistas. Para Hector, la solución a los problemas estaba en tomar su lapicero y firmar un cheque. En ello incluía el tema de la familia como parte del negocio.

El padre de Hector se abrazaba con su madre. En su ancianidad, ellos sufrían más de la cuenta. Fueron los que vieron como crecía el imperio económico y como se destruía la vida de su nieto. Las malas amistades, el libertinaje y la ausencia de la figura paterna, fueron creando un chico rebelde e insolente, un joven insensible que sentía arcadas, cada vez que miraba como su madre arruinaba su vida, víctima de la depresión. El tiempo y la dedicación que necesitó, lo encontró en las drogas y nadie pudo hacer nada por impedirlo.

La imagen de aquel joven que Hector vio temprano, tan lleno de vida y que se parecía tanto a su hijo lo hizo quebrarse. Por un momento, se acordó de Gustavo Cerati y aquella vez que fueron juntos al concierto en San Marcos. La nostalgia, le fue haciendo un hoyo en el pecho y alcanzó a brotar un sollozo que desbordó su fortaleza. Dejó caer su humanidad y recostó su cabeza. Su celular vibraba y no atinaba a contestar. Cerraba los ojos con fuerza y los abría mirando el techo con rabia e impotencia. Sintió una mano que tomó su cabeza y la levantaba del letargo. Era Carlos, su amigo eterno, el doctor que no podía hacer nada por devolverle a su hijo.

-¿Que pasó hermano? ¿Qué hice mal?- Atinó a preguntarle Hector con resignación en sus ojos
-Dímelo tú amigo, de pronto la pregunta sea, qué no hiciste bien
-Yo le di todo lo que necesitaba, lo puse en buen colegio, lo cuidaba, confiaba en él
-La primera vez que vino aquí, te dije que si no hacías algo, tu hijo podría empeorar
-Pero tú sabes, los negocios, no me dejaban tiempo, soy un hombre demasiado ocupado, cumplí con darle un psicólogo, lo estaba ayudando
-Creo que tu hijo, necesitaba un padre y no una chequera Hector, piensa y razona, de todas las cosas que le diste que crees que le hizo falta, analiza.

Hector se quedó en silencio unos segundos. Carlos lo tomó del hombro y le dijo, que no le responda, que él solo encontraría la respuesta y se fue de su lado. Hector miró a su alrededor, con incapacidad de reacción sentía que ni con todo el dinero que tenía, podía revertir una situación por demás complicada y dolorosa. En silencio comprendió que lo que nunca tuvo para su hijo fue tiempo. Aquel que no tiene precio y que no puede comprarlo ni con la fortuna más grande del mundo y menos aún lograr que retrocediera para corregir sus errores.

El tiempo, es lo que hoy más nos hace falta a los padres. Vivimos postergando las cosas e intentando cubrir esa carencia en nuestros hijos, complaciendo sus requerimientos mínimos, a veces sin merecerlo. Nos cuesta aceptar, que podemos estar siendo demasiado permisivos o sencillamente trabajamos tanto, que no nos queda tiempo para reparar siquiera, que es una mera forma de limpiar nuestras conciencias. Quien sabe y nuestra mayor preocupación sea uno mismo y ese tiempo que nos hace falta, lo utilizamos para remendar nuestras propias vidas.

El mundo globalizado que nos gobierna, ha logrado que la tecnología nos quite el papel de formadores de nuestros hijos. Ellos ya lo saben todo y lo que no, simplemente lo buscan en internet. De alguna manera, a nosotros los padres, nos cuesta hacer conocer a nuestros hijos las carencias, por ello se acostumbran a la cultura del desperdicio. Tienen todo a la mano sin que les cueste esfuerzo y sin darnos cuenta, los vamos convirtiendo en habitantes de una pensión, con sirviente incluido, que después intentamos que funcione como hogar. Y si los padres hacen falta en casa, ese vacío, muchas veces se ha llenado con cosas materiales y no con lo más valioso que requieren los hijos: El tiempo. Por ello, hoy más que nunca, como padres tenemos la obligación de darles tiempo, no el cualitativo, sino el cuantitativo, que es el más valioso y necesario. Porque los padres sin tiempo, originan hijos sin padres.