miércoles, 27 de octubre de 2010

Una noche verde inolvidable

Esta noche en el concierto de GREEN DAY, he descubierto que cuando se tiene la música pegada a la piel y por las venas corre esa sangre de color púrpura que alimenta al artista, el género que escuchas, el de tu predilección o la banda que te hace perder los sentidos, solo es una cuestión de gustos y colores, porque quien manda verdaderamente en tus sentimientos es tu propia pasión por la música. Pero el rock es distinto, como dice Calamaro, es un género abierto, es libertad, es curiosidad, hace 50 años se nutre de muchas influencias y cualquiera que le busque alguna definición exacta, terminaría convirtiéndose en una especie de payaso. Y es que el rock en todos sus matices tiene exponentes, cada cual para cada complacencia o apasionamiento, pero la única manera de sentir a un artista, no es a través de un disco o un video, sino en un escenario, allí al lado de un parlante que acelere tus sentidos y haga explotar tu corazón.

Cuanto hubiera dado yo, porque a los 12 o 14 años, hubiera tenido la fortuna de asistir a un concierto de mi banda favorita y en unas horas de éxtasis extremo, poder desatar todas esas fantasías juveniles encubiertas y adormitadas, desfogando la adrenalina a puro pulmón, desgañitando la garganta y sintiendo en un mar de gente la efervescencia que produce el sonido de las guitarras y esa sensación extrema, cuando hierve tu sangre al escuchar tu tema preferido. Ese es un privilegio que nunca tuve y ha tenido que ser Dios bendito, quien me ha regalado la dicha de ver y sentir a mi propia sangre, disfrutando deslumbrados de algo que esperaron con impaciencia, pero que al final ha sido tan gratificante para ellos y muy especial para mí.

Esta noche, he descubierto que amo a mis hijos -mis fieras como les digo- más que a nada en el mundo y este sueño suyo de ver a su banda preferida, más que un gasto superfluo, ha sido una inversión con creces. Sus rostros de ansiedad por estar lo más cerca de Billie Joe, la inmensa felicidad en el pecho, cuando su paciencia se agotaba y los acordes del “21st Century Breakdown los hizo revolotear de alegría. Sentir el palpitar del corazón de mi fiera menor que estaba embelesado y le parecía increíble estar tan cerca de sus ídolos, los instantes en que mi fiera mayor estaba abrazado y saltando con chicos y chicas, que ni conocía, el verlos saltar y corear las canciones hasta quedar afónicos, el aguante por las casi tres horas que ha durado el concieto, de verdad no tienen precio. Es lo más gratificante que he vivido hasta hoy, a ellos no les gusta el fútbol, pero me he sentido como estar en la final de un mundial, en primera fila y sintiendo la pasión a flor de piel.

Tantos momentos vividos, van a ser inolvidables, pero se me quedara en la retina el instante cumbre, cuando Billie Joe interpretó a pulso el “Wake Me Up When September Ends” con su guitarra acústica y vi llorar emocionado a mi fiera mayor. Me quebré un instante. Porque es el tema que él ha aprendido a tocar los acordes con su guitarra, porque es el tema que cantamos los tres en el auto y también porque era el epílogo a una noche inolvidable. No pude contenerme y solté alguna lágrima traviesa, de alegría por estar juntos, por estar felices y por sentir la música, con esa misma pasión con que los amo con devoción. Aquel abrazo de los tres al final del concierto, frente al escenario, fue intenso y auténtico como nuestra propia existencia.

El camino a casa fue pesado, el cansancio hizo mella en nuestros cuerpos, las horas y la caminata al estadio nos han dejado extenuados y la madrugada nos ha visto arropar nuestro agotamiento. Antes de dormir les di un beso y ellos me dieron las gracias por haberlos llevado al concierto. Yo solo les dije en silencio, gracias a ustedes mis fieras, por existir y hacerme tan feliz de tenerlos cerca y compartir estos momentos que los vamos a recordar para toda la vida.

sábado, 19 de junio de 2010

En el nombre del Padre

Anoche antes de acostarme, alguna fuerza extraña me hizo levantar y caminar al cuarto de mis fieras. Primero fui al de Franco. Después de sortear los pares de zapatillas regados por el suelo, recorrí con la mirada su cuerpo cuan largo él, tendido en la cama y su rostro juvenil que le dan sus primorosos 14 años. Me acordaba cuando era pequeño y me gustaba verlo dormir, escuchar cuando respiraba y las veces que se quedó en mi pecho, adormitados los dos y respirando el mismo aliento. Me quedé mirándolo y me vino un suspiro largo. Como se ha pasado el tiempo. Hoy ya hablamos de temas de enamoramiento juvenil y problemas de adolescentes y los años que se me han venido encima, han alimentado su personalidad y su forma de ir haciéndose hombre. Como ha crecido mi muchacho, ya ha dejado de ser el pequeño que podías corregirlo y lograr que te haga caso y hoy, debo tener una lucha diaria y constante para “negociar” sus arrebatos y sobrellevar esa forma loca que tienen los jóvenes de hoy, para buscar resolver sus problemas a su manera. Le di un beso en la frente que él ni siquiera se dio cuenta -Que duermas bien mi fiera- atiné a decirle bajito para no despertarlo de su sueño profundo, -chau papá me respondió- medio aletargado. Solo sonreí y salí de su cuarto en silencio.

Me acerqué a la habitación de Sergio, mi hijo menor. Dormía plácidamente y me senté a su lado para verle esa carita de niño travieso, que aún no termina de abandonar. A sus 12 años está pasando sus tiempos de rebeldía y esos actos irreverentes propios de los segundos hijos, aquellos que no tuvieron la dedicación extrema de los primeros y los que andan buscando imitar al hermano mayor y en ello uno como padre, tiene otro tipo de lucha constante. Me quedé mirándolo y recordaba esos tiempos lejanos cuando le gustaba jugar fútbol conmigo, quizás porque era más pequeño, o quien sabe porque no tenía esa loca idea que hoy lo acompaña, de ser un cantante famoso, tener su grupo de rock y vivir en California. Lo abracé despacio y le di un beso en su mejilla, que él respondió con una sonrisa adormitada. Salí despacio respirando hondo y complacido.

Me arrodillé al pié de mi cama y le di gracias a Dios. Por haberme bendecido con esa dicha tan hermosa de ser padre. Por darme el aliento de vida y esta complacencia de tener a mis fieras, creciendo cada día más apresurado que ayer, pero orgulloso de sentir que puedo acompañarlos en esta divina responsabilidad que me ha encomendado y que trato de aprender, cada día con todas sus noches.

Y hoy temprano quise hablar con Dios. Porque es un día muy especial. Recordaba, ese día en que bajó su mano del cielo para llevarse a mi viejo, quien tomó la valija de sus vivencias y se marchó a la eternidad, sin avisarme siquiera. Ya se han pasado cuatro años, desde aquel infausto domingo -Día del Padre- en que mientras muchos celebraban y compartían con sus hijos, yo estaba en el camposanto, abrazado a su féretro y brindándole su último adiós. Le pedí a Dios que cuidara de mi viejo, porque no alcancé a decirle lo mucho que lo extrañaría, porque fue una partida a un viaje, solo con boleto de ida. Porque fue un adiós, sin ninguna despedida.

El tiempo, viejo sabio de nuestras vivencias, ha ido apaciguando a la nostalgia y hoy me encuentra en un nuevo Día del Padre, con más años y vivencias distintas, quizás con menos paciencia, pero con mucha más experiencia.

Este domingo, me acordaré de mi viejo y viviré con mis hijos un momento especial, y en silencio voy a pedirle a Dios, que bendiga a mi familia, pero también voy a pedirle por mis buenos amigos, aquellos que comparten esta bendición divina y la dicha tan especial, de ser Padres.

Deseo que tengan un día muy especial, en el nombre del PADRE.






viernes, 18 de junio de 2010

El sueño mas grande de Papá

El hombre dejó caer su cuerpo sobre el sofá verde olivo de su sala. Su rostro tenía un semblante de impotencia y frustración. Recostó su cabeza y se quedó confuso, desamparado de ánimo y con la mirada perdida en el techo. Tomó de la mesa, el retrato de su hijo Edwin, donde aparecía cuando recién había cumplido tres años y estaba pisando un balón de fútbol. Era la imagen que acompañaba sus tardes de fútbol por la TV y que solía contemplar con ternura y devoción, compartiendo con su esposa y reparando en lo demasiado rápido que se había pasado el tiempo y hoy, aquel chiquilín, ya se estaba haciendo hombre. Abrazó el retrato contra su pecho y al contemplarlo fijamente, le pasaron por su memoria muchos recuerdos, vivencias compartidas que lo hicieron estremecer. No se dio cuenta, que el vidrio se había empezado a empañar con sus lágrimas.

-Papá, ya no quiero ir a entrenar, no quiero seguir en el fútbol-
-Pero hijo, piénsalo, es por tu bien. Tú tienes condiciones, no desperdicies la oportunidad que tienes-
-Entiende Papá, ya no quiero seguir en eso, ya estoy aburrido-
-¿Qué prefieres? ¿Estar con tus amigos y tu enamorada?.. ¿Es eso lo que quieres Edwin?
-Tú no entiendes papá, no preguntes tanto, déjame hacer mi vida-
-Pero hijo, no me rompas la ilusión, todo nuestro esfuerzo se va al agua, tu puedes ser un buen futbolista, ese es mi gran sueño-
-Ese debe ser el tuyo pues Papá, pero no el mío-

Aquel portazo que dio al salir, sonó a un signo de interrogación. Aquellas palabras fueron como cuchillos que le cortaron el corazón en pedacitos y le golpeaban en la cabeza como un tambor. Se puso de pié y miró por la ventana. Afuera estaba Edwin, que departía plácidamente con sus amigos. Lo veía bromear y parecía indiferente, pero no dejaba de echar un vistazo a la casa. Se encontró con su mirada y se sintió descubierto. Al verlo retozar, se reconocía a sí mismo. Recordaba cuando joven, se amanecía con sus amigos jugando en la calle y la pelota era su compañera inseparable. Quería llegar a ser un futbolista famoso y aquello se le había hecho una obsesión desde pequeño. Conforme fue creciendo, prosperó también su ilusión y cuando ya era jovenzuelo, su sueño más grande tenía forma de balón. Su padre le cortó las alas, al obligarlo a trabajar tempranamente, pensando que era mejor, que el muchacho, busque su futuro, en otra cosa más oficiosa. El destino le pintó la cara un día de abril, cuando Susana -la que hoy es su esposa- le dijo que estaba embarazada y decidieron tener a su primer hijo. Eran demasiado jóvenes aún, pero optaron por darle la mano a la responsabilidad y abrazar la decisión de hacer una nueva vida juntos. Esta vez el fútbol ya no tenía sitio para soñar y solo se convertía en una parte complementaria de sus vidas.

El padre, le puso su mismo nombre a su hijo, como una cándida forma de verse reflejado en él. En el fondo, sentía que era la otra oportunidad que le daba la vida, para sacarse el clavo, para cerrar la brecha que el destino le abrió un día, cuando su sueño estaba vivo y se desvaneció, sin dejarle ninguna respuesta. El pequeño Edwin, conoció las academias de fútbol desde los 5 años. El padre dejo de lado las cosas significativas y apartó las fechas importantes, invirtiendo todo lo que tenía, en tiempo, dinero y paciencia, para que su niño, aprendiera los fundamentos básicos.
Ello tomó fuerza un día, que el mismo Percy Rojas, le dio su recomendación. –Cuida a tu zurdito- le dijo el “Trucha” convencido y le auguró que tenía las condiciones para darle muchas satisfacciones en el futuro. Ello hizo que su orgullo de padre, le inflara el pecho y creciera su obstinación por apurar el tiempo.
Aun cuando las carencias económicas que tenían en casa, lo obligaron a cambiar de escenario, a uno que se ajustara a sus posibilidades, la rutina no decayó y cada día, el pequeño Edwin fue creciendo, aprendiendo y haciendo feliz a su padre, quien se sentía reconfortado con esta realidad, que de alguna manera, apaciguaba, esa sed de revancha que llevaba dentro.

-Hermano, me siento mal, estoy destrozado… Edwin ha dejado el fútbol. He llorado mucho y con su mamá no sabemos qué hacer para hacerlo reflexionar.
-Tranquilo fiera –le respondí confiado- me parece que lo estás presionando demasiado, le estás trasladando tus temores y tu obsesión. Recuerda que no siempre, los sueños de los padres, tienen que ser iguales a los de los hijos-
-Sí, pero tú sabes cuanta dedicación le he puesto y ahora veo que todo se me va al tacho, no entiende que está desperdiciando su oportunidad.
-Los chicos pasan etapas hermano, tranquilo, mírame a mí, también quise ser futbolista, pero el destino puso otras cosas en el camino y eso no quiere decir que tengo que “obligar” a mis hijos a que cumplan ese anhelo truncado.
-Pero me duele y mucho. Sus profes dicen que tiene condiciones, estaba yendo bien, pero ya no quiere seguir, prefiere los amigos, más tiempo con su enamorada, estamos distanciados y… me siento tan triste y desmoralizado…
-Tranquilo hermano, no olvides que tu y yo también tuvimos 16 años, deja que se tome su tiempo, que respire un poco, deja de hacerlo sentir que lo tuyo es tan importante.
-Se me hace tan difícil hermano, pero por favor, tú que has pasado por eso y tienes experiencia, quisiera que hables con él.
-Quizás lo que te aqueja, es que él no pueda cumplir tu sueño, que de pronto no le pertenezca, eso te está creando ansiedad, ten paciencia y descuida, hablaré con él, no te preocupes.

El Padre, buscaba apoyo en su entorno y la recomendación era la misma. Su depresión lo hacía sentirse dentro de una pesadilla, un mal sueño del cual quería despertar pronto. Empezó por hacer que la convivencia sea natural. Edwin en sus cosas, con los amigos y descubriendo las cosas triviales del amor adolescente y él, tratando de hacer cosas deferentes, para evitar presionarlo. Susana, su esposa, trataba de tranquilizarlo. –Hazle caso a tus amigos, deja de estar tenso, seguro que se le va a pasar la calentura- le decía, tratando de mermar esa carga emocional que le estaba haciendo daño. Había un trato amable entre ellos, pero no lograba encender la vela de la confianza. Algo se había soltado, habían cabos sueltos y debía ser él mismo, quien busque un acercamiento para dejar de hacerlo sentir culpable.

-Susy, ya regresooooo.. Me voy al estadioooo- Alzaba la voz a propósito, Edwin, el padre.
-Pero Papá, porqué te vas solo, el sábado también te fuiste a pescar y no me llevaste como lo hacíamos antes
-Tú mismo me dijiste que ya no te importaba el fútbol, que tienes otras “ocupaciones”. No te sientas mal hijo, pero creo que exageré demasiado con eso y te pido perdón por presionarte. Me he dado cuenta que si no es lo tuyo, no te puedo obligar, he sido muy egoísta, me duele mucho, pero ya eres grande y respeto tu decisión. Por favor, temprano en la casa y un ojo a tus hermanas.
-Pero papá, a mi si me gusta el fútbol… solo que…
-Tranquilo hijo, las cosas que hacíamos antes, seguro que ya pasaron, ahora para ti, son más importantes tus amigos, tu enamorada, tus estudios. Es tu momento, has crecido demasiado rápido y no me daba cuenta. Perdóname hijo.
-No es eso Papá, solo que no sé como explicártelo-
-Tranquilo, no me expliques nada, solo dame un abrazo.

La relación entre padre e hijo, se hizo más cordial y hasta más cercana. Edwin era más cariñoso con su madre y sus hermanas, pero siempre había un motivo en ellos, para buscar alguna forma de motivación. Cada día que pasaba, el padre alimentaba con ansias a su voluntad. Compraba revistas y se sentaba a mirar el fútbol en la TV junto a él y no podía dejar de soñar despierto. En cada jugada y en cada celebración de un gol, veía a los jugadores reflejando el rostro de su hijo, pero masticaba su ansiedad y callaba, sin decirle nada. Darle tiempo al tiempo y dejar que todo caiga por su propio peso, era el consejo de los amigos, pero, aunque trataba, sentía que ese tiempo, se pasaba demasiado aprisa y por momentos, se sentía egoísta, porque pensaba que la oportunidad, se le estaba escapando de las manos, mas era consciente, que le afectaba más a él mismo, que a su propio hijo.

-Hermano tengo que darte una buena noticia… Edwin ha vuelto al fútbol. ¡Estoy feliz!
-Que bueno, era cuestión de tiempo ¿viste?
-Salió de él solo, me dijo un día, quiero regresar y ahora está como loquito dándole y dándole, lo mejor de todo es que ha regresado con seriedad y eso nos ha llenado de felicidad a todos en la casa.
-Es que está creciendo hermano, tranquilo, oriéntalo y hazle entender que el fútbol es corto y que puede ser fácil llegar, lo difícil es mantenerse, que no descuide los estudios y lo demás cae de maduro, ten fe y mucha paciencia-
-Gracias hermano, tú me ayudaste mucho, eres un buen amigo de verdad
-No fiera, yo no hice nada, solo le conté mi experiencia cuando tenía su edad y nada más, lo otro ha llegado solo, porque tu chico sabe escuchar, pero es joven y atolondrado como los chicos de hoy.
-Estoy muy feliz hermano, es como si Edwin se hubiera ido lejos y ahora ha regresado como el hijo pródigo.

Mi amigo -el padre- está feliz. Su esposa le dice que sus ojos, han vuelto a tener ese brillo de siempre y que se perdieron un día. Aunque, acepta que ahora le presta más atención a Edwin, cuando le cuenta lo que pasó en los entrenamientos, que a ella, cuando le cuenta lo que sucedió en casa. El quiere ser menos espontáneo, pero la alegría se le sale por los poros. Recién ha comprendido, que su sueño, se había hecho una alucinación, que estaba marcando una obstinada obligación para con su hijo. Ahora que el chico tiene su propio sueño, le ha llegado la oportunidad de apoyarlo, pero sabe que solo el tiempo, será el juez supremo que dictará sentencia, para hacerlo real, pero por cuenta propia.

Dicen que los grandes logros, nacen de un gran sueño y que solo necesitan esfuerzo para hacerlos realidad. Pero a veces los sueños que tenemos los padres, para con nuestros hijos, no son otra cosa que la revancha que nos brinda la vida, para remendar nuestro propio pasado inconcluso. Y en ese afán, a veces nos dejamos llevar por el torbellino del orgullo ilusorio, volviéndonos padres soñadores y guardianes de su futuro, queriendo siempre, decidir por ellos y ocupándonos más en reforzar sus debilidades, que en fortalecer sus talentos. Nos volvemos en padres sobre protectores, que nos dedicamos a curarles las heridas y no a enseñarles como saltar los obstáculos. Pero, también es cierto, que por más imposible que parezca, vale la pena tener un sueño y luchar porque se haga realidad, aunque al final, sean nuestros hijos quienes lo alcancen por nosotros.

Quizás mi amigo nunca se entere, que cuando hable con su hijo, al abrazarlo, lo sentí como si fuera el mío propio y solo le dije que ahora haga lo que el corazón le diga, pero que no desaproveche una oportunidad, que se pueda arrepentir toda una vida.
Nunca le dije, que su padre me confesó, que su sueño más grande, es verlo con la camiseta de la selección peruana, celebrando después de un gol “PARA TI MI VIEJO” y que si el destino marcara que ya no esté en la tierra, quisiera que levante su mirada y sus manos al cielo para gritarlo con todas sus fuerzas. De seguro que ese día, su padre, haría llover de tanto llorar de felicidad, porque desde donde se encuentre, por fin, habrá visto realizado su más grande sueño.






viernes, 8 de mayo de 2009

Madre, la mejor creación

En el génesis de nuestra existencia, Dios, tuvo siete días para crear el cielo, la tierra y el firmamento. Tuvo su día de descanso, y en ese dormitar de su agotamiento ante tanta obra maravillosa, se echó a dormir en silencio. Sus ojos se fueron cerrando y su respiración se hizo mas pausada, un agradable adormecimiento le vino al subconsciente y sin darse cuenta se había dejado llevar por el amodorramiento del cuerpo, para solo darle cabida a un sueño sublime y encantado.

En su sueño, veía su creación portentosa y recreaba la inmensidad de los mares y la grandeza de las montañas, con la gracia de los animales y la belleza de las flores. Había un vacío entre tanta hermosura que solo podía llenarlo con algo que personifique su imagen y semejanza. Cuando despertó, tomó el polvo de la tierra y en un soplo mágico y portentoso, le dio vida al hombre, que fue perfecto desde que abrió los ojos, con fortaleza y virtudes de un ángel, para dominar su creación y para ser quien la habite y la haga fructífera. Pero lo vio tan solo que decidió dormirlo en un letargo fugaz y de una de sus costillas, hizo la creación perfecta de su compañera y le dio el nombre de mujer. Había nacido la pareja, el hombre y su fuerza protectora y la mujer con su belleza y la nobleza de sus virtudes más admirables.

Pero el hombre y la mujer, no pudieron resistirse al pecado y aquella vivencia primorosa en el edén, duró tanto como unas cuantas puestas de sol. El ángel del mal, se interpuso ante tanta perfección junta y todo el sueño del Todopoderoso, se hizo una alucinación infausta, que desfogó con tanta furia contra el hombre, como el mismo amor con que fue creado. El hombre y la mujer fueron echados a la tierra solitaria. Él se tendría que ganar el pan, con el sudor de su frente y ella sufriría para parir a sus hijos.

Pero Dios, tiene demasiado amor y bondad en sus sentimientos y a pesar que el hombre siempre lo abandona y se acuerda de él, solo cuando lo necesita, él siempre lo recibe en su regazo, lo abraza y lo consuela cuando se siente solo, lo mima con cariño y lo perdona, en cada vez que arrepentido o no, el hombre acude ante su presencia. Dios es justo de actitud y honesto de pensamiento, se dio cuenta que el hombre que había creado, no había sabido utilizar la fortaleza de la que estaba dotado, lo había sentido débil muchas veces y endeble para el sacrificio. Entonces le dio un soplo bendecido a la mujer y la hizo MADRE.

Desde entonces, ella ha asumido aquella fuerza que le sale de las entrañas y aquella forma sacrificada de darse entera por sus hijos. Aquella sapiencia para asumir, muchas aptitudes al mismo tiempo y esa entereza para superar los más penosos de los problemas. Ella ha sabido armonizar en su espíritu, la bondad y el amor, con esa fortaleza que la hace fuerte ante el sufrimiento y la hace inmune ante la adversidad. Tiene tatuada en el alma la insignia del valor y corren por sus venas ríos de sangre caliente que alimentan y engrandecen su corazón.

Esta mujer, no ha perdido su encanto y su belleza entera, para darse íntegra por sus ideales, para duplicar sus esfuerzos, cada noche, cuando nuestro sueño se interrumpe y en cada abrazo consolador que nos apacigua nuestras angustias. Esta mujer, como MADRE, ha cumplido el mandato divino de su creador de hacerse grande en las dificultades, de hacerse sabia en las decisiones y ser la eterna compañera para este hombre, que ante su presencia, se hace débil y se siente desorientado. Esta mujer, que alguna vez decidió dar parte de su vida misma, para darnos a nosotros los hombres, la dicha eterna de convertirnos en padres y la satisfacción de ver crecer a nuestros hijos.

Esta MADRE que un día sometió todos sus dolores y sufrimientos, para refrendarnos en el pecho que, para que nuestros hijos hoy estén vivos, ellas tuvieron que morir un poco y para cumplir con su papel fueron mucho más fuertes y valientes que cualquier pretencioso varón que se crea valeroso por el simple hecho de haber nacido hombre.

Dios, tuvo un día de descanso, por tanta maravilla de la tierra, el mar y las estrellas, pero el día que despertó seguro que lo hizo inspirado, porque hizo al hombre y también a la mujer, pero de seguro, que el día que creo a la MADRE, fue el día mas iluminado de su vida y es lo mejor que haya brindado a la creación del propio universo.

Por eso un día al año es insignificante para demostrarles nuestro eterno respeto y consideración, pues cada día que amanece estaremos agradecidos a nuestro supremo creador, por estar vivos y de haber nacido gracias a una MADRE. Esa viejita, que con su años en la espalda y sus pesares en el alma, aún aguarda por nosotros, hombres al fin, que caminamos con nuestro rumbos trazados, pero que cada vez que la volvemos a ver, sentimos nuevamente el calor de su regazo, la bondad de sus caricias y la paz que nos brinda su beso en la frente cuando toca aquella despedida, que no sabemos si sea la última, pero que nos deja siempre una espina en el corazón, cuando la vemos alejarse. Quizás algunas estén con nosotros o quizás algunas hayan partido al seno del señor, pero en nuestras vidas, este día se hace tan especial, aunque sea tan bizantino, para enaltecer tamaña grandeza.

martes, 5 de mayo de 2009

Cristina la de los dieciseis

En el salón de clases, todos esperábamos terminar el examen de matemáticas, porque después nos tocaba Educación Física y queríamos ir apurados al estadio. Aunque era el examen de gimnasia, yo estaba entusiasmado, porque estaban probando a los posibles jugadores que integrarían la selección de fútbol del colegio. En la carpeta, Juan Carlos -mi amigo mas cercano- tenía una cara de fastidio. Se acercaba su cumpleaños y no había recibido aún, el disco que su tío Manuel, le había prometido enviarle desde EEUU.

Juan Carlos antes de cumplir los 15 años, ya tocaba la guitarra y era un fanático del Rock, pasión que heredó de su tío Manuel, un músico que se fue a seguir su carrera en Norteamérica y continuamente le enviada discos, que nosotros recién conocíamos después de meses o años inclusive. Tenía en su casa un equipo moderno y no faltaba la música de The Beatles, The Doors, Led Zeppeling, Slade, Deep Purple, Rolling Stones y especialmente de KISS, una banda de personajes pintarrajeados, que él había hecho su preferido. Era mi mejor amigo. Él amaba el rock, yo amaba el fútbol. Él andaba perdido en el limbo musical y yo era feliz convirtiendo un gol. Él caminaba con sus discos bajo el brazo y yo con mi balón gastado. Siempre visitaba su casa, pero recién pude hacerme amigo de sus padres, el día que cumplió 15 años su hermana Cristina, a quien él cuidaba con recelo.

Aquel sábado, era su cumpleaños y temprano, decidí ayudarlo a colocar las luces (una fiesta sin luces, no era fiesta), su hermana me abrió la puerta y Juan Carlos, muy apurado me jaloneo a un costado.

-Quiero que escuches algo- me dijo entusiasmado, enseñándome la tapa del disco ALIVE de KISS, que contenía temas en vivo de anteriores álbumes.

El sonido agudo y punzante de sus guitarras, junto al eco intenso de su batería, se apropió de mis sentidos musicales, él disfrutaba cada tema, asemejando que tenía una guitarra en sus manos y yo, estaba trepado en una escalera, amarrando las luces, con la música de fondo. De pronto sonó el “Rock'n Roll all nite” que me gustaba mucho, era una versión en vivo, que me cautivó enseguida. Estaba haciendo una pirueta de adolescente ganso, cuando pude divisar a su hermana Cristina, que seguía el ritmo con suaves movimientos y se alejó sin dejar de moverse armónicamente. Yo baje la escalera apurado, golpeándome torpemente los tobillos.

Nunca había reparado en lo linda que era Cristina, hasta que la vi en la fiesta. Esa noche, tenía puesto un polo blanco con ribetes fosforescentes y las luces de neon, resaltaban sus preciosos ojos verdes. A lo lejos, la vi bailar por primera vez. Se veía diferente, tan dulce y salvaje a la vez, moviendo su cabello ensortijado de manera irreverente. Estaba con sus amigas del colegio y entre tanto adolescente con las hormonas encendidas, casi ni pude hablar y menos bailar con ella. Con las justas pude despedirme. Aquella noche, yo conocí a una chica, de ojos grandes y piel blanca, que me impactó demasiado, era linda, muy linda, pero no tanto como Cristina.

Una tarde, Juan Carlos y yo estábamos sentados en la puerta de su casa, escuchando el disco de KISS. El trataba de encender un cigarrillo, yo tenía la tapa del disco en mis manos. Casi de noche, llegó Cristina con sus padres del cine. La vi mas linda que nunca. Tomó la tapa del disco y se sentó junto a nosotros. Cada vez que sonaba una nueva canción, ella, seguía el ritmo, moviendo su cabello y rozando adrede mi pierna. Yo, un jovenzuelo timorato e inexperto, me sentía seguro en una cancha de fútbol, pero al lado de ella, me sentía turbado, excitado y solo atinaba a sonreír nervioso.

De tanto escucharlo, me había hecho parte del ejercito imaginario de KISS. Mi ropa dejó de ser deportiva y cambió por una de color oscuro y desgastado. Mis amigos del fútbol, quedaron rezagados y mi cabello se hizo mas largo. Entre discos de rock y sobre todo de KISS, fuimos conociendo su historia, su música y éramos sus fieles seguidores. Yo visitaba a Juan Carlos, para escuchar a KISS, pero también, para ver a Cristina. Cada vez que la veía, un extraño cosquilleo me inquietaba las entrañas y si algún amigo se acercaba a ella, profesaba en mi, un rencor insensato, que me hacía conocer lo que eran los celos. Me sentía atraído por ella, pero tenía miedo de que su hermano se enojara conmigo, pues sabía que era demasiado celoso con su “hermanita”, como él la llamaba.

Pasamos un día de playa en La Herradura con los amigos. Por la noche estaríamos en el cumpleaños de Marcela, una amiga de Cristina, de la cual Juan Carlos se sentía muy atraído, pero al igual que yo, no se atrevía a decírselo. El me pidió que lo ayudara

-Tu escribes bonitos poemas- me dijo, -hazme uno bien bacán para regalárselo.

Yo, lo escribí pensando en Cristina y tanto le gustó a Marcela, que Juan Carlos y ella, terminaron esa noche siendo enamorados.. Esa noche pude bailar con Cristina y cuando regresamos a casa, Juan Carlos me encargó acompañar a su hermana. Cuando me despedí de ella, le tomé su mano y acaricié su mejilla, dejó que le diera un beso en los labios y solo atinó a sonreír nerviosa, cerró su puerta y alcancé a verla, cuando me miraba sonriente por su ventana. Lo que quedó de la noche, no pude dejar de pensar en ella.

Los días de colegio ya habían pasado. KISS había sacado el álbum DESTROYER y ROCK’N ROLL OVER, Cristina y yo nos veíamos a escondidas y entre rock y fútbol, éramos dos tímidos adolescentes, que compartíamos un sentimiento tierno, aún desconocido como inusitado. Luego vino el álbum llamado LOVE GUN, en él estaba incluido el tema “Christine Sixteen”. Desde que lo escuchamos por primera vez, sentimos que fue una hermosa coincidencia y se convirtió en un cántico efervescente para los dos, era la canción que mas nos gustaba y disfrutábamos con nuestro grupo, que se hizo numeroso. Éramos unos jovenzuelos locos, que solo hablábamos de rock y de fútbol.

Fue una fiesta de Hallowen, la primera vez que nos pintamos como los personajes de KISS. Juan Carlos fue el Starman y acudió a la fiesta incluso con su guitarra decorada, Víctor, su primo, fue el gato y Cristina hizo de la estrella. Yo era el Demonio. Aquella fiesta fue inolvidable, con la música de KISS, acompañaba a Juan Carlos con una escoba y me alucinaba que era el mismísimo bajo de Gene Simmons. Nos volvimos a pintar otras veces, para participar de actividades organizadas por colegios o el cumpleaños de algún amigo. Fue en una de esas veces que Juan Carlos, descubrió que su hermana y yo éramos enamorados. Su sonrisa sincera, echó abajo todos nuestros temores.

La última vez que vi a Cristina, ya habían pasado muchos años, ella estaba embarazada de su segundo hijo y yo aún no definía mi futuro sentimental. Juan Carlos se había marchado unos años antes a vivir a EEUU junto a su tío Manuel y pronto Cristina y su nueva familia les darían el alcance. El destino nos marcó distintos caminos y señaló nuestras disparejas realidades, Aquella vez nuestras miradas fueron distintas, quizás con algún rasgo de melancolía, pero concientes que el tiempo se había llevado nuestros años y con ellos se fueron nuestras vivencias adolescentes, tan inolvidables y tan lejanas del pensamiento, pero que podíamos recordarlas con una sonrisa limpia y desprendida.

Hoy, estoy con la cara pintada de Gene Simmons, parado al pie del escenario donde acaba de terminar el concierto de KISS, mirando los fuegos artificiales que explotan en el cielo, como un tributo a mi inmensa alegría. Aún me cuesta creer que todo esto haya sido tan real. Tuvieron que pasar más de 30 años para poder verlos en vivo, en mi casa, en mi país. En cada canción he recordado mis vivencias juveniles, cuando jugábamos a ser como ellos, aquellas veces que nos metimos al cine a ver su película solo por escuchar su música y salir tan complacidos de ser sus fans privilegiados. Aquellos tiempos, cuando aprendimos a sentir una pasión especial por el Rock and Roll y aquellos momentos, cuando con Cristina, compartimos juntos, el “Christine Sixteen” que tanto nos gustaba.

En algún momento del concierto alguna lágrima traviesa, humedeció mis ojos, porque sentí un estremecimiento en el alma, cuando el papel picado volaba por los aires, en ese “Rock’n Roll all nite” que remeció mis sentidos y golpeó tan fuerte a este ya cansado corazón, que se sintió feliz de volver a ser joven otra vez, aunque sea por unas horas, aunque sea por unos minutos. Total, de aquí a la eternidad, será imposible que vuelva a tener 16 años, pero que placentero, resulta volver a vivirlos tan intensamente.

viernes, 17 de abril de 2009

KISS La noche mas caliente del planeta

Hay ocasiones en que los recuerdos, se vuelven al presente de una manera tan real, que pareciera insignificante el tiempo que haya transcurrido, las huellas que se han dejado atrás y a veces hasta la misma realidad que uno pueda estar viviendo. Hay ocasiones en que uno solo atina a cerrar los ojos y dejar que el volumen suba al máximo, para dejarse envolver por ese sonido que viene desde el infinito y logra estremecer el alma y acelerar el corazón a la velocidad máxima.

Cuantos años, días y horas esperamos esta noche. Cuantas noches tuvieron que pasar para esperar que llegara la que era especial, la que recordaríamos siempre, la que nos deje un recuerdo imborrable y se quede tatuado para siempre en nuestros corazones. Desde que el sol rayaba en la mañana, había una extraña sensación, como si presintiéramos que algo bueno ocurriría. Cuando llegó la hora, dejamos atrás nuestras obligaciones, nuestras preocupaciones y marchamos en busca de la euforia y el embeleso. Era la hora de darle encuentro a los buenos amigos, aquellos de nuestro mismo lazo sanguíneo, esos locos divertidos que sienten corriendo por sus venas rios interminables de sangre pintada de rock and roll. Era la hora de ponernos el maquillaje y darle encuentro a esos amigos entrañables, que cada día se inventan una buena excusa para ser cada vez mas felices.


Que importa si existen otros gustos musicales o exista algún tipo de comparación. Que importa si somos jóvenes o viejos, o talvéz queramos asemejarnos con algún personaje en extinción. Que importa si ayer fue Maiden, Gabriel o Waters, o si mañana es B52's, AC/DC o Rooling Stones y tampoco me importa si estaré con vida. Esta era la noche de KISS, nuestra noche, la que esperábamos con ansias locas que ese bendito telón negro se viniera abajo y dejara ver a Gene Simmons y su hacha diabólica, transformada en bajo armónico, emergiendo de las tinieblas para blandear su lengua como serpiente letal, arrojar fuego como dragón tenebroso y salivar sangre como vampiro endemoniado. Brindarnos un comienzo de un Deuce que se sintió mas bello e impactante que nunca y hacernos saltar hasta el cielo con el Rock’n roll all nite. Dejar que el glamur y la voz, aunque cansada, aún vigente, de Paul Stanley, nos conquiste los sentidos, para hacernos vibrar y sucumbir al frenético Lick It Up y fulminarnos con ese Detroit Rock City final. Abrir los oídos al máximo para sentir retumbar los tímpanos con esos redobles de la maravillosa batería de Eric Singer y dejarnos envolver por esos acordes inmortales del sonido estremecedor, interplanetario y mágico de Tommy Thayer que nos rasgaba las entrañas.

Aun me resulta imposible, dejar de agitarme, al recordar los momentos vividos, en una noche ardiente, aún hoy la brasa sigue ardiendo, el fuego no se consume, sigue encendida la pasión y en cada foto, en cada video que repaso, la nostalgia aún no se hace espacio, porque aún no se hace recuerdo lo vivido, aún está vivo y queda tiempo para seguir recordando este maravilloso concierto.

Cuantas noches tuvieron que pasar, para que llegara esta noche inolvidable. Cuantos años dejamos en el camino de nuestras vidas y cuantas horas esperamos para disfrutar una noche hasta el éxtasis. Cuanto tiempo pasó y cuanto tiempo pasará, para que podamos volver a tener una nueva oportunidad de compartir con los buenos amigos, de una noche como esta. La noche mas caliente del planeta.

(Este es un video que pude filmar en esa noche inolvidable)


miércoles, 3 de diciembre de 2008

Diario de una ausencia

El ómnibus está a punto de partir y por la ventana, mi hijo Franco me alza la mano. Respondo su saludo, encubriendo una rara punzada que me oprime el pecho. Me siento extraño en este terminal de buses, con olor a despedida, con gente de rostro noble, que apura sus equipajes para subirse a sus despreocupados destinos. La tarde gris de este domingo se va desvaneciendo en este adiós inesperado, que representa, el punto de quiebre entre el sentimiento y la tolerancia a los avatares de la vida misma.

Huancavelica, una ciudad con olor a mineral y el cielo gris matizado de su gente afable, tiene aún marcado en su suelo, el sello de la pobreza extrema. El colegio de mis hijos, realiza un intercambio de estudios en ese lugar. Allí, en un seminario religioso, un grupo de alumnos, convive por espacio de un mes con chicos de su edad, comparten sus estudios, sus vivencias y también sus carencias. Es allí, lejos de casa, donde se intenta cortar ese cordón umbilical, que nos cuesta tanto a los padres y que sin darnos cuenta, suele perjudicar la formación de su personalidad.

A sus 12 años, Franco va a vivir su primera experiencia valiosa. En ese lugar, estará supervisado, pero tendrá que aprender a valerse por si mismo, atrás ha dejado la comodidad de su cuarto, la TV a su antojo, sus amigos del colegio, el cuidado extremo de su madre y la seguridad de sentirse protegido. Ahora, deberá capear las dificultades que ocasionan el frió, la altura y la nostalgia. Asumirá responsabilidades mayores, sin más ayuda que sus propias habilidades, un tanto opacadas quizás, por nuestra cercanía y se espera logre valorar, todo lo que tiene en casa.

El ómnibus ha encendido el motor y va a emprender la marcha, subo una escalera para verlo partir y abajo se queda su madre que me mira con ternura, no está triste, pero siento que su angustia ya ha empezado a hacerse un sitio en su corazón. Yo, respiro tranquilo, abrazo a mi hijo menor Sergio, pero al sentir que sus bracitos se aferran más de la cuenta, trago saliva, acaricio sus cabellos y beso su frente. Sus abuelos y sus primas se despiden y el bus empieza a partir. Franco nos dice adiós y aunque mis ojos aún pueden verlo, ya lo he comenzado a extrañar.

Hoy amaneció diferente, no dormimos bien y mi esposa está llamando a Franco sin encontrar respuesta. Antes de irnos para el trabajo necesitamos saber que ha llegado bien. Es lunes, primer día de la semana y es el comienzo de su ausencia.

-Aló hijo ¿llegaron bien?- Dice mi esposa con la ansiedad reflejada en el rostro
-Si mamá ya estamos en el seminario, está haciendo mucho frió- Responde apurado
-Gracias a Dios, cuidate mucho hijo, te quiero mi vida, no olvides las recomendaciones, abrígate, toma tus vitaminas- dice ella abriéndome sus ojos negros.
-Ya mamá, ya sé- Responde incomodado Franco.
-Hijo tranquilo, te queremos y confiamos en ti- Le digo yo, para darle seguridad, pero tengo un nudo en la garganta, que trato de disimular aflojándome la corbata y esbozando una sonrisa endeble.

Hoy es el segundo día y Franco ha empezado a sentir los 3,800 mts. de altura de esa ciudad que nosotros visitamos este mismo año y conocimos el Seminario. Si bien es cierto, hay la comodidad necesaria, ese extraño temor a lo desconocido, nos acompaña y solo estamos confiados a que los chicos puedan adaptarse pronto.

Hoy es el tercer día, nos enteramos que todos han empezado a echar de menos a su familia. La rutina que tienen, los obliga a entrar a misa después de cada comida, luego hay un momento de reflexión. Es en este momento, que abrazados, han llorado arrepentidos por alguna mala conducta en casa. Han hecho un “pacto de honor” de no contarle a nadie de este episodio, quizás, cuidando su orgullo adolescente, pero en el fondo han empezado a aceptar, que aunque la distancia es una simple forma de estar lejos, se siente fuerte, cuando de a pocos, se van extrañando las cosas valiosas.

Hoy amaneció lloviendo, en esta Lima del clima impredecible. Hace cuatro noches que Franco no ha dormido en casa y su cuarto ha estado cerrado. Al entrar, he sentido muy marcada la añoranza. Cada mañana recibía su abrazo sosegado, a veces expresivo, esta vez, ese especial ruido que produce el silencio, lo he sentido en el corazón. Miré por la ventana a una paloma que se posó en la cornisa y me miraba como queriéndome preguntar su ausencia.
Sergio como cada mañana vino a saludarnos y lo noté melancólico. Extraña a su hermano, con quien solía compartir sus juegos, el colegio y hasta sus discrepancias infantiles.

-Papá, ¿algo raro pasa no?-
-Porque hijo, extrañas a tu hermano seguro ¿no?-
-Si, porque a esta hora estabas gritando: “Apura Franco, apura Sergio”, para ir al colegio- Me sonríe
-Si pues hijo hasta esas cosas se extrañan, pero esto nos va hacer bien a todos- le respondo abrazándolo fuerte.

La noche ha llegado junto a mi cansancio y ya es viernes, los días transcurren lentos y nos preocupa que Franco haya salido a una procesión junto a sus amigos al centro de la ciudad. Una ciudad que él no conoce. En la distancia esperamos que regrese pronto al Seminario. No logramos comunicarnos y los pensamientos revolotean perturbados. Cerca de la medianoche logramos hacer contacto y sabemos que está bien. Podemos dormir tranquilos.

El fin de semana nos encuentra en la mesa, con el desayuno del domingo. Siempre es él quien hace la oración a Dios, esta vez su hermano ocupa su lugar. Una lágrima traviesa, juguetea con mis pupilas, quizás solo sea el desfogue a varios días de inquietudes.

Por la tarde pudimos comunicarnos por el messenger.

Le escribo: Fiera, ¿tienes cámara ahí, para vernos?
Me responde: See (sic)
Le escribo ansioso: Entonces acepta la invitación para verte.
Me responde: no funKa no tien Kreo (sic).
(Me divierte como escribe, utilizando ese idioma extraño que usan los chicos modernos).
Le escribo: Ya bueno y ¿como has pasado esta semana?
Me escribe: el agua s heldasa (sic)
Me vuelve a escribir: Vi una granizada fue Brvzo XD (sic)
Me pregunta: kmo tna toos x aya (sic)
Le escribo: Bien hijo extrañándote mucho.
Le pregunto: ¿Nos puedes ver en la cámara?
Me responde: See XD (sic)
(Me parece raro que corte el enlace, después de varios intentos)
Le vuelvo a preguntar intrigado: ¿Por que no pones tu cámara para vernos?
(Hace un silencio y no contesta, inquieto, espero su respuesta)
Le pregunto: ¿Que pasó?
Me responde: s q me da pena (sic)

Asumo que el haber visto virtualmente a su madre, a su hermano y hasta a la “gusha” como llama a Reynita -nuestra chihuahua- le tocó las fibras de su aún endeble carácter, aunque no lo aceptó, estoy seguro que se le cayeron algunas lágrimas, igual que a mí, cuando nos despedimos.

Hoy es la segunda semana y ha salido un sol tibio, que se ha prolongado hasta la tarde. Franco acaba de terminar de jugar básquet, algo inusual en él, no muy apegado a los deportes, imagino que lo hace para aplacar el frío de Huancavelica, que cala los huesos y atormenta los oídos, también quizás para alejarse un poco de la realidad y calmar su intranquilidad.

Es Jueves y hemos salido a cenar, mientras mi esposa intenta hablar con él, la contemplo, le sonrío complaciente para calmarla. Ella se desespera al no entrar la llamada. Ha dejado de comer y su semblante es diferente. Franco está con tos y tiene heridas en los pies, eso la angustia. Trato de apaciguar su ánimo excitado, hablo con él y me dice que no sabe que tomar, le digo que le pida ayuda al Padre si se siente mal. Me dice que ya es tarde y que lo hará mañana, que está bien. Ella me mira suplicante y me dice que hay que hacer algo. Le digo que se calme, que es complicado desde tan lejos. Esa noche ella no ha comido nada y no ha conciliado el sueño. A su lado he fingido dormir, mas, mi pensamiento ha viajado muy lejos y la mañana me ha devuelto –nuevamente- unas ojeras muy pronunciadas.

Casi sin darnos cuenta ya han pasado casi veinte días. Ayer, cuando algunos de sus amigos del colegio me preguntaron por él, y me pidieron que lo salude y que le diga que lo extrañan, me dio una sensación de reconfortante orgullo, pero al mismo tiempo me hizo extrañarlo, mas de la cuenta.

Hoy sábado pudimos “chatear” con Franco y esta vez si pudimos vernos por la cámara.

Le escribo: Estamos muy orgullosos de ti hijo, eres muy valiente, te queremos
Me escribe: yo tb los Kiero (sic)
(Lo notamos diferente, con mejor ánimo, sonríe y bromea con sus amigos en la cabina de Internet, ya no tiene tos, pero anda resfriado y ha podido curar las heridas de sus pies)
Le escribo: Ya falta poco hijo, mucha fuerza y ánimo mi campeón!!!
(Otra vez hace un silencio y deja de escribir, también apagó la cámara)
Le escribo: ¿Que pasó fiera?-
Me responde: naa tdo bien (sic)
(Vuelve a conectar la cámara y responde nuestro saludo. Esta vez no nos quedamos tristes, pero si ansiosos, quizás porque en la distancia, hemos logrado resignar la realidad, pero aún cuesta tranquilizar al corazón)

Es domingo, una semana antes del retorno de Franco. Hoy es la actividad de talentos del colegio, que incluye a padres e hijos. Yo voy a participar pero sin mi hijo. En los días de ensayo, los rostros de los chicos me han hecho sentir su ausencia, porque me hubiera gustado tanto hacerlo junto a él. He participado con satisfacción, pero ausente, he tratado de hacer mi mayor esfuerzo pensando en que cuando regrese, el se sintiera orgulloso de mi actuación.

Esta semana está pasando más lenta que de costumbre Otra vez ha llovido en Lima. Hoy hemos ido a visitar a sus abuelos que hablan de prepararle un gran recibimiento. Mi esposa muestra su impaciencia por que los días se pasen más rápido. Yo trato de convencerla que no exagere, aparentando una despreocupación, pero que en el fondo, lo que intenta es no alimentar tanto, esas ansias de estar tan pendientes del calendario.

Hoy debe retornar Franco y estamos en la puerta del colegio esperando su llegada. Los rostros de los padres es una mezcla de regocijo e intranquilidad. Mi esposa mira el reloj y la hora parece haberse detenido. La camioneta ha hecho su aparición y los chicos descienden apurados. Se abrazan emocionados con sus padres. Mi esposa abraza a mi hijo y he sentido una sensación de tranquilidad en el alma. Cuando saludo a Franco, lo siento un poco vacilante. Quiero entender que está cansado por el viaje.

Aquella noche en casa, cuando pudimos hablar tranquilos y él nos contaba su experiencia, lo he visto llorar recordando sus momentos de nostalgia y decir que ahora valora todo lo que tiene y que ha echado de menos muchas cosas, pero lo mas importante, es que ha sentido en la lejanía, la real valía que tiene su familia. Aquella noche hemos llorado juntos, él desfogando quizás tantas horas de estar alejado, tantos días sin vernos, tanto tiempo sin poder darnos un abrazo, nosotros de alegría, por tenerlo de vuelta, para decirle lo mucho que nos hizo falta.

Aquella madrugada, me he levantado para ir al cuarto de mis hijos y verlos dormir tranquilos. Hoy he podido dejar de fingir que duermo y refugiarme en el descanso, mañana empieza un nuevo día y esta ausencia solo será una valiosa experiencia vivida, pero que de seguro, ya ha dejado una huella imborrable en nuestras vidas.