domingo, 10 de mayo de 2015

ASU MADRE


Tus manos blancas acarician mi cabeza y descanso mi pensamiento sobre tu falda, mis rodillas reposan el suelo, que rozo con mis dedos semejando pinceles imaginarios que van delineando nostalgias y rastros perdidos en el tiempo. Tu voz me suena a un arrullo y vuelvo a sentir ese cobijo de cuando niño. Arrullas mis sentidos y pareciera que estimularas la nostalgia, que me va adormitando, haciendo que cierre los ojos para retroceder en el tiempo.
 
Sonreímos al recordar aquellos días cuando mis primeras travesuras eran tus dolores de cabeza y mi vicio incontrolable por el fútbol ocasionaba las huidas de casa con los amigos, que terminaban en interminables búsquedas implacables por calles y plazas. Aquellas reprimendas que no tenían oídos, esos yerros de adolescente perturbado y la actitud de potro desbocado que nublaban mi raciocinio que tardé tanto en comprender y que solo tu obsesiva forma de cuidarme, logró enmendar mi rumbo. Repaso aquellos días cuando fui admirando tu fortaleza para sacudir los momentos amargos y cambiar la necesidad por un cachito de esperanza.
 
Sonríes cuando te digo que te adelantaste a estos tiempos de tecnología y mundo digital que vivimos, porque nunca necesitaste celular, ni usar facebook para saber con qué enamorada estaba saliendo, a que amigos frecuentaba y si eran buenos o malos. Tampoco requeriste el uso de un GPS para ubicarme donde estaba y sacarme de las orejas si era preciso, de una cancha de futbol, pararte en la puerta de alguna fiesta con tu palo de escoba hasta que salga o interrumpir las tertulias de medianoche con los amigos del barrio con un balde a agua sobre nuestros zapatos. Asu madre.
 
Tus mensajes de WhatsApp eran un chicote de tres hebras que dejaban sus huellas por cada malacrianza y unas ronchas que duraban una semana en desaparecer. Alguna vez me diste unos azotes sollozando y repitiendo culposamente que era por mi bien y que algún día lo entendería. Cuánta razón tuviste viejita. Hoy esas brechas fueron mi mejor enseñanza de vida. Asu madre pero GRACIAS de verdad.
 
Desde muy chico te vi sollozar tantas veces, cuando mi padre ya no quiso nuestra compañía y decidió no regresar a casa, hasta que le diera la gana. Recuerdo tus ojitos llenitos de amargura que cada noche intentaban decir que no pasaba nada y nos abrazabas junto a mis hermanos para calmar nuestros temores. Desde pequeño entendí lo triste que resulta llenar un vacío emocional. Después en mi adultez, cuando lo vimos partir en ese viaje sin retorno, entendimos juntos a valorar el dolor que produce una ausencia eterna.
 
A pesar de los años crueles que te cayeron encima, he sabido admirar tu fortaleza. En menos de un año fuiste operada tres veces, la peor fue aquella cita con el infortunio cuando tu cadera se quebró en dos y todos pensamos en una invalidez permanente, te recuperaste milagrosamente y hoy caminas solo con la dificultad que la fragilidad de tu cuerpo permite. La luz de tus ojos se fueron apagando por la edad y la oscuridad amenazaba tu vista. Gracias a tus hijos te operaste a regañadientes y hoy tienes mejor visión que nosotros tres juntos. Incluso me alardeas leyendo textos del diario que yo no alcanzo a ver salvo con anteojos y te digo que me siento un anciano a tu lado. Tu solo ríes a carcajadas y me acaricias la cabeza complacientemente.
 
Hoy tu rostro tiene las señales de los años pasados y tus cabellos tienen el color marcado del tiempo, pareces tan frágil pero tienes una energía sorprendente. Tu mente sigue tan lúcida y aunque las medicinas forman parte de tu rutina, te sobrepones al dolor para sorprenderme a menudo con alguna travesura prohibida para esa edad que se te viene encima. Te digo que te cuides y que no barras la calle, que lo hagan los vecinos y me respondes que no me preocupe que solo son un par de cuadras, que así te distraes y no te aburres. Te pregunto si no te interesa mi preocupación, me dices que me preocupe primero por mi familia.
 
Te miro a los ojos y vuelvo a perderme en la intensidad de tu mirada, compartiendo ese suspiro que dejas escapar y que acompañas con una sonrisa cómplice. Nos abrazamos y en silencio pareces recordarme que para ti no existen los tiempos ni las fechas especiales y que es más valioso aquello que se demuestra a diario y se considera toda una vida. Pones tu mano en mi frente para susurrarme aquello que aprendí desde niño: “En la vida existen cosas importantes, pero hay otras que son más importantes”.
 
Asu madre, creo que nada será suficiente lo que haga por ti, porque siempre existirá algo que se quedará pendiente, aunque esta admiración sea eterna y este amor sin fronteras, porque no hay forma para recompensar tanto que has brindado de tu vida misma, a pesar de tu sufrimiento, ofrendando un pedazo de tu alma y un retazo de tu corazón a cada uno de tus hijos.
 

 

martes, 9 de septiembre de 2014

De música ligera

Es mejor así Gus, ya está. Es mejor ahora, cuando todos duermen más tranquilos, cuando el cuerpo y la nostalgia se hayan reposados y el ánimo más sosegado. Es mejor ahora, cuando ya es de madrugada, ha pasado el temblor y tenemos los ojos más secos y el alma tranquila. Es más sereno caminar por estas calles azules intentando desaparecer entre la niebla, recordando las manos de la gente haciendo el último adiós, sintiendo el frio penetrar por entre la espalda, como un ventilador desgarrándote y dejándote excitar hasta dónde llegará esa extraña fuerza que te afloja las piernas. Es mejor así, ahora, cuando todos se han ido y dejan espacio para recorrer los lugares en la memoria y los momentos que se quedan en el corazón, dejando escapar un par de lágrimas traviesas. Y es que cuando ya no sirven las palabras, sollozar a veces es lo que nos sale mejor.
 
Dijiste alguna vez que la vida dura un salto y quedarse, una muerte segura. Será quizás porque conociste ese lugar donde revientan las estrellas y aquella escalera que te subía en espiral hasta la cúpula. Quizás porque veías las cosas reales como son, viendo de fuego en fuego, hipnotizándonos y sintiendo a cada paso sentir uno que otro Deja Vu. Quizás siempre estuviste fuera de foco, inalcanzable, aunque todos te veneraban a pesar de sentirte irreversible, casi intocable, quizás solo conocimos tu parte insegura, bajo una luna hostil o quien sabe nunca entendimos que los genios de la música viven en un constante éxtasis de lujuria y se refugian en una descuidada litera donde esconden sus temores, sus miedos y su descontrol, explotan al aire cuando hablan con la frescura de una melodía, aunque tengan una grieta en el corazón y su vida sea un planeta con desilusión.
 
Alguien te dijo que la soledad se esconde sobre tus ojos, esos ojos dormidos que ya dejaron de mirar este mundo, porque se cansaron del silencio y porque como siempre lo decías, cuando está obscuro todo empieza a verse más claro, en tu constelación. Fueron cuatro años de sueño etéreo, sumido en una música ligera que apaciguaba ese sufrimiento por volverte a ver, pero se hicieron siglos de horror, tiempo muerto, horas de angustia y minutos de dolor. Sentimos todos estar en una selva, sin que nadie pueda venir a rescatarnos, viéndote morir de sed y sin poder sentir otra piel que pudiera evitar hacerte sentir este infierno. Hoy ya tus manos están frías, has perdido la fascinación, tus rasgos son escombros, que han detenido tu respiración.
 
Es mejor así Gus, cuando ya todos solo asumen recordar. Cuando todos han guardado sus mensajes y han doblado sus banderas. Es mejor ahora, cuando ya no importan las palabras, aun y cuando el recuerdo se vaya haciendo una piedra en el agua, seca por dentro y tu sinceridad de ser dócil como un guante, solo se vea reflejada en esos recuerdos vivos que dejan los que se van sin despedirse de este mundo. El tiempo se irá llevando, aquello que seduce y que no está donde se piensa, se perderá de a pocos aquello que se quedó en la memoria, uniendo fisuras y esas figuras sin definir que acompañaron tu vida.
 
Y te has ido de este mundo Gus, al calor de las masas y en un día que nunca escribiste, no pudiste seguir soñando mil veces las mismas cosas ni contemplarlas sabiamente, porque te dormiste tranquilo, suavemente y cruzaste el cielo de terrazas desiertas, como una flecha veloz que atraviesa el firmamento buscando el Olimpo donde se refugian los dioses del talento. Mamá Lilian sabe bien que perdiste la batalla, que ya no habrá más tiempo para solo hablar con ella, para decirle que siempre fuiste vulnerable a su amor. Ella solo abrirá la ventana cada mañana para dejar que salgan esas letras que seguirá entonando esta gente que te dijo adiós, en estas calles, hoy desiertas. Porque los genios nunca mueren mientras los que se quedan, sigan cantando su música.
 
Buenos Aires se ve más susceptible que nunca, más melancólica que antes, tiene ausencia de su fuerza natural y siente que ya no hay más fábulas, ya no hay sueños fugaces, desde aquella noche triste en que empezaste a decir adiós sumido en un sueño profundo, que nos terminó haciéndonos cómplices de tu desgracia y se fue perdiendo conforme sentimos que la luz del sol hubo derretido tus alas, cuando entendimos que eras ese hombre alado que extrañaba la tierra, cuando sentimos que por fin habías encontrado la oscuridad y el paraíso de donde no quisiste volver más, porque ya no eras parte de ti, porque eras parte de todos, en esta, la ciudad de la furia.
 
No te quiero enviar cenizas de rosas, ni pienso escribir frases secretas. Solo quiero invocar el recuerdo, por aquel amor de música ligera con quien compartimos aquella primera vez en el legendario Amauta, cuando apareciste con los pelos desordenados y el look estereotipado, entonando aquellas canciones que se guardaron eternamente en la mente y el corazón. Eran los tiempos en que gastábamos los años y nos desquiciábamos la juventud de tanta música, en una etapa inolvidable de nuestras vidas. Todo se pasó tan rápido, de aquella relación nada más queda, pero el reloj se detuvo para ti, ya no hay tiempo para despertarte, porque ya no estás dormido y ahora solo estas ungido en el calor y recuerdo de esta gente que estuvo desde el comienzo, y que algunos siguen hasta hoy…
 
Gracias Totales GENIO.

 

 

 

domingo, 11 de mayo de 2014

Una cita especial

Era nuestra cita especial y te imaginaba intranquila, quizás porque conozco tu poco manejo de la ansiedad. Siempre fuiste así, cada vez que salía de noche, te ponías en la ventana y no te importaba la hora. Medías el tiempo con la luna implorando al cielo en silencio, para que no me pasara nada malo. Veía tu sonrisa tenue dibujando tranquilidad en tu rostro, cuando me divisabas abrir la puerta y era la frase de siempre que me daba la bienvenida “Gracias a Dios que llegaste” y yo, solo acariciaba tus cabellos y besaba tu frente agradecido.
 
Mientras llegaba a recogerte, iba recordando aquellos tiempos cuando era un adolescente y mi rebeldía te iba pintando tus cabellos de preocupación. Eran esos tiempos cuando tu paciencia era un bálsamo para mi proceder iracundo y tu amor infinito, calmaba a ese caballo desbocado que habitaba mi ser. Mis ojos recorrían esas calles que me resultaban familiares y tan cercanas. Muchas de esas calles, las caminamos de la mano, tu acariciando mi cabeza y yo mirándote con devoción. Muchos de esos lugares que hoy ya me resultan lejanos, porque los tiempos nos crearon distintos escenarios de vida y fuimos acostumbrándonos a que la distancia sea una mera forma de estar lejos.
 
Era nuestra cita especial y fuimos de paseo a un lugar cerca del mar, un lugar que te hace sentir bien, porque te trae recuerdos de juventud, de tus épocas de playa de Pimentel que guardas con apego a la melancolía y porque te encandila ver como tu mirada se va perdiendo en el horizonte de tu nostalgia, cuando el sol se va disipando en el atardecer. Será que el mar siempre fue el desfogue a tus anhelos y en su inmensidad, dejaste que los malos momentos se pierdan como tu propia mirada. Será porque el mar fue compañero de tus añoranzas, cuando el deseo de ser madre era aún lejano y tus tiempos de libertad eran propios, como tus sueños y como  tu propio ser.
 
Pero hoy los tiempos son distintos, desde aquel día que tu cuerpo fue golpeado por el infortunio, tu caminar es difícil, los años y la convalecencia han hecho que tu actuar sea más lento y necesitas ayuda para movilizarte. Tus ojos lucen cansados y tú vista es cada vez más débil. Hoy has necesitado una silla de ruedas para trasladarte, por estas tiendas de corte moderno, de restaurants de lujo y gente de distintos países que te siguen llamando la atención, tanto como estas moles de cemento que te parece increíble se hayan podido construir en los acantilados, de esta costa verde que hoy luce pálida y sus nubes dejan ver un solcito tenue que nos acompaña como un asolapado observador de este encuentro de emociones y sentimientos.
 
Y en esta cita especial, hemos charlado de tantas cosas, de todo un poco y de lo poco demasiado. Me he sentido nuevamente niño, cada vez que acariciabas mi cabeza y besabas mi frente, susurrándome al oído tu cariño infinito. Me has hecho estremecer en cada abrazo y en cada instante que dejaste que bese tus manos, marcadas por el tiempo. Mis dedos se perdían en tus cabellos blancos y mientras mirábamos el mar abrazados, recordábamos tantas cosas vividas y tantas vivencias compartidas, tus ojitos se llenaban de nostalgia cuando me mirabas con ternura evocando mis travesuras infantiles y tu sonrisa era complaciente, cuando disfrutabas tu helado de coco que tanto nos gusta. Yo solo te contemplaba con devoción, nos quedamos en silencio y solo permanecimos unidos por el pensamiento y el corazón.
 
Nuevamente he sentido nuestra despedida como si fuera la última, miraba tu mano a lo lejos cuando me hacía adiós y solo he rezado en silencio. Tengo claro que cualquier día, cualquier hora, en cualquier lugar, nos vemos tú y yo para hablar de amor y hacer una evocación a la nostalgia y mirarnos con los ojos del corazón. Cada noche le pido a Dios me permita más oportunidades, para poder seguir mimando junto a ti el recuerdo de cada momento vivido y que podamos seguir compartiendo viejita linda, este amor eterno, en otra cita especial.
 
 

viernes, 18 de abril de 2014

Adios Gabo, adios Genio

Acaso y como siempre dijiste, la vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda, y cómo la recuerda para contarla. Acaso y la vida que viviste y la que contaste, haya sido para todos, un hermoso paseo por esta línea del tiempo y de la historia, que la escribiste, con la paciencia del eterno viejo, en la soledad de tu cuarto con 28 letras del alfabeto y dos dedos como todo tu arsenal. Obra y leyenda que permanecerá para siempre en cada palpitación del sentimiento y en cada renglón de una historia viva para siempre.
Acaso y si pensabas que la memoria del corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos, y gracias a ese artificio, logramos sobrellevar el pasado, hoy nos cuesta digerir esta partida, porque se hace frágil la nostalgia y el corazón no entiende de distancias, se hace difícil sobrellevar la congoja, porque la tristeza resulta siendo un sable que se encaja en la garganta y rasguña las entrañas.
Acaso y si cuando escribiste que la peor forma de extrañar a alguien es estar sentado a su lado y saber que nunca lo podrás tener, te referías a ti mismo, a tu inspiración que guardaba eterna compañía. A esa improvisada iluminación que llegaba a tus dedos casi sin darte cuenta. A esa increíble forma de decir lo que se siente y que de pocos se fue haciendo esquiva, cuando empezaste a decirnos adiós en silencio. Fuiste el genio que escribía desde las nueve hasta las tres de la tarde, dizque para mantener el brazo caliente, cuando en realidad era que no sabías qué hacer por la mañana.
Acaso y hoy se sienta más real que nunca, que ningún lugar en la vida es más triste que una cama vacía. Acaso y porque es la tuya, la que ya no albergará tu descanso. Ya no será el lugar donde los sueños se hacían alucinaciones en carne viva, donde hoy solo yacen los inmortales recuerdos del genio que reinvento el lenguaje, que fundó un mundo extraordinario donde la prosa más bella, los personajes inverosímiles y la conciencia de la historia se convirtieron en alimento del alma.
Adiós Gabo, genio de la literatura, nos enseñaste a vivir con el amor en los tiempos del cólera, nos contaste la historia de tus putas tristes, nos dejaras cien años de soledad y tristeza, pero entendemos que esto solo ha sido la crónica de una muerte anunciada, que ha llegado en una mala hora, pero que se entiende, porque quizás, solo los genios pueden darse el lujo de escoger, hasta el día de su muerte.

 

lunes, 6 de enero de 2014

Y un día creciste


Y un día creciste, casi sin darnos cuenta, casi sin poderlo creer aún
Si fue ayer cuando secaba tu cuerpecito húmedo después de bañarte
Besaba tus pies y jugueteaba con tus deditos en mi boca y tu reías sin parar
Si fue ayer cuando dormías en mi pecho y yo soñaba escuchándote respirar
Le agradecía a Dios en silencio por ese milagro de vida, por sentirte cerca
Quería que ese momento se hiciera eterno, que nunca se pudiera terminar.

Y un día creciste, cuando menos lo imaginaba, cuando menos lo pensamos
Cuando aún recordamos, esos momentos inolvidables cuando fuiste pequeño
Cuando eras el dueño, de esas sonrisas cautivadoras que alegraban mi corazón
Aquel día que lloré de emoción, cuando te escuché decir “papá” o tus primeros pasos
Y esos lindos abrazos que me regalabas cada vez que regresaba cansado de la oficina
Tu sonrisa era mi mejor medicina y tu alegría era cada día mi razón para poder vivir.

Y un día creciste, y fuiste dejando los juguetes, para cambiarlos por una guitarra
La música se fue adentrando en tu alma y te fue haciendo demasiado sensible
Porque hiciste posible que un pensamiento se haga canción con una tonada rockera
Empezaste a ver el mundo a tu manera y descubriste que existen otros lugares
Donde hay otros cantares, se habla diferente o existe una forma de vivir como quieres
Porque eres como eres y de esa manera tú quieres, que todos te miren distinto.

Y un día creciste y te hiciste hombre, acercando esa la lejanía que nunca aceptamos
Y será porque nunca nos preparamos, para admitir que el tiempo se pasa de prisa
Que nos cuesta aceptar con una sonrisa, que los hijos no son nuestros, son de la vida
Y existe la lección aprendida, que aunque estén con nosotros, no nos pertenecen
Que aunque quizás lo merecen, podremos abrigar sus cuerpos, pero nunca sus almas
Porque ellas viven en esa casa del mañana, esa casa que nunca podremos visitar.

Pero un día creciste, te hiciste grande y dejaste atrás la etapa del crecimiento natural
Ahora para tu vida será normal, que empieces a forjar cada día tu crecimiento personal
Tienes otro papel en la sociedad, que ahora te medirá, por tu grado de responsabilidad
Pero un día creciste, me hice más viejo y tú te llenaste de juventud apresurada
Yo tengo la vida cansada y tú la vida nueva, yo tengo la experiencia, tú la esperanza
Desde hoy empiezas a generar tus propias vivencias, porque ya eres mayor de edad.

Se han pasado 18 años desde aquel día en que llegaste a mi vida y me la cambiaste por completo

Gracias por existir hijo querido...






 

martes, 31 de diciembre de 2013

La maleta de la nostalgia


El año 2013 camina por la playa del recuerdo como perdonando el tiempo, el último día se acerca y se va llevando su equipaje. Que rápido se pasó el tiempo, sin darnos cuenta se va desglosando el último día del calendario, poco a poco se va extinguiendo este cúmulo de recuerdos, de vivencias y tantas cosas apreciables, tantas cosas que nos han dejado huella y que nos van marcando un nuevo destino. Tantos momentos que se hicieron gratos, inolvidables y tantos instantes de recuerdos ingratos que nos enseñaron algo, que nos dejaron aprender a través del dolor.
El año 2013 camina cada vez más lento, sus pasos se van perdiendo en la arena y se va haciendo pesado su andar, carga una maleta de vivencias, tiene demasiadas cosas perdidas, algunas otras son lecciones bien aprendidas y la mayoría son memorias de buenos momentos. Lleva en la mano una valija con los deseos extraviados y otra con los sueños cumplidos, algunas hojas sobresalen, tienen escritos mucho deseos y algunos destinos, unos están tachados como meta cumplida, otras aún han quedado como materias pendientes.
La maleta de la nostalgia es la que tiene más cosas y enseres, en ella hay muchas fotos, de gente amiga, de seres queridos, de seres encontrados y de seres olvidados. Muchos recuerdos que se han perennizado en una imagen, muchas anécdotas que han quedado eternizados en la memoria, algunas muy tiernas, otras que provocan alegría y no muchas que producen una tristeza que logran hacer escapar una lágrima traviesa. Hay de esas fotos que perennizaron un acontecimiento trascendental, algo que marcó nuestras vidas, algo que se llevó el tiempo, junto a nuestros años, a nuestro diario caminar, pero que permanecen allí guardadas y nos conmueven el alma cada vez que las volvemos a mirar.
 
El año 2013 va perdiendo su mirada en el horizonte, va enterrando los pies en la arena y dejando caer la mirada, las olas nuevas mojan sus ropas viejas, la brisa empaña su rostro disimulando su melancolía, el viento se lleva algunos papeles perdidos de su maleta de la nostalgia que ha empezado a cargar, pronto deberá partir para siempre, pronto será un olvido, pronto será solo recuerdo, cuando las 12 campanadas hayan empezado a sonar…
 

sábado, 11 de mayo de 2013

Por mi Madrecita

Hoy como cada noche, he reposado mis rodillas y unido mis manos, para hablar con Dios. Y en mi rezo diario, le he vuelto a pedir por ti. He vuelto a rogar porque ese tiempo mezquino que me regala migajas de espacios, se haga sensible para brindarme la oportunidad de poder verte más seguido, como antes, como siempre. Para que mis días se hagan complementarios con ese compromiso que hoy acompañan a mis propias responsabilidades y hacen que la distancia se haga más sentida y agobie mi melancolía.

Hoy he rezado por ti, recordando aquellos tiempos idos, cuando aún pequeñuelo, posabas tu mano sobre mi cabeza y un beso en mi frente era un regalo divino. Por esa tranquilidad que me brindaba tu regazo. Por esa obsesiva forma de ser siempre buena y condescendiente, a pesar de mis tantas travesuras y errores que supiste sobrellevar con entereza. Por tantos yerros de perturbado adolescente, por tantas cosas que no supe valorar a tiempo y que tardé tanto en darme cuenta de su real valía. Por esa fortaleza que logro enmendar mi rumbo, cuando era un potro desbocado y mis miedos y temores, lograban confianza en tus abrazos, tus caricias y tus sabios consejos.

Hoy he rezado por ti, porque te he imaginado más triste que otras veces. Quizás porque los años se han hecho crueles contigo y han castigado tu nostalgia. Porque a pesar del tiempo, no pudiste llenar ese vacío que dejó el viejo, tu aliado y cómplice que te ayudaba a mitigar esa soledad que te produjo la partida de tus hijos, cuando debieron aceptar el designio divino de fundar su propia familia. Aquel día de junio, en que el destino feroz vino disfrazado de muerte, te dejó el alma hecha jirones y aún no has logrado sanar bien la herida.

Hoy he rezado por ti, porque te he imaginado más afligida que otras veces. Con los malestares que te hieren el cuerpo, te dañan el espíritu y te resquebrajan el corazón. Tu fortaleza se ve cada vez más endeble y tu fuerza se hace débil. Tus ojitos de ángel, han ido perdiendo su brillo y su color. La profundidad de tu mirada se ha ido disipando en una silueta vagabunda y tus pasos se han hecho pausados y cansinos. Me duele ver que los años implacables, te han golpeado demasiado, la angustia por aceptarlo y la impotencia de no poder luchar contra la ley de la vida, me causan un dolor profundo en el pecho.

Hoy he rezado por ti, recordándote cada vez que voy a visitarte y regocijas tu nostalgia, acariciando mi cabeza, abrazando a tus nietos, como refugiando tus recuerdos de mis años y compartimos alguna lágrima traviesa. Por cada despedida, en que siento que puede ser la última y cuando levanto la vista para mirarte, distingo tu silueta que enmarca tu rostro de ángel, el viento jugueteando con tu cano cabello y tu sonrisa limpia, radiante y sincera. Tus ojos ya no distinguen en la distancia, pero yo puedo ver que aún permanece esa dulzura que irradia tu mirada vigilante que subyuga mis sentimientos. Esa mirada que logra que en la lejanía, pueda seguir mirándote, a veces peleado con el tiempo, otras con la ocupación de mi propia existencia y casi siempre, con la cansada rutina, que ya no me deja poder abrazarte tan seguido.

Hoy he rezado por ti, rogando que el Todopoderoso escuche mis plegarias. Que mitigue tu dolor y que aleje tu angustia. Que aunque la vida y el tiempo deben seguir su marcha, me brinde la oportunidad de seguir teniéndote cerca de ti y de mis hermanos. Que me regale la dicha, de cuando me sienta nostálgico y levante la mirada, siempre pueda verla allí, imperturbable, con su sonrisa llena de amor y ternura, esperando por mí, para brindarme su refugio como cuando niño, para hacerme sentir que a pesar del tiempo y la vida misma, sigue tan presente y viva, en el alma y en el corazón.

Hoy he rezado por ti, rogando que el Todopoderoso alargue el tiempo, para que cada vez que mire aquella ventana de la nostalgia, se abran las puertas y la vea aparecer con sus brazos abiertos, a recibir este amor inmenso que guardo dentro y que perdurará la vida entera. Porque un solo día no basta para enaltecerla y glorificarla; Mi Madre querida.

Hoy le he rezado a Dios y le he rogado, POR MI MADRECITA.